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Nota de la autora y Prólogo:
NOTA DE LA AUTORA
Este libro está escrito con inmensa ternura hacia los comechingones. Con mi visión personal de cómo los imagino, a través de su protagonista, una chiquilla que va madurando a medida que transcurre la novela, describo sus tranquilas existencias, costumbres, vestimentas, alimentación, predilecciones y temores.
Siento profundo cariño y respeto hacia las raíces de la civilización en esta maravillosa Argentina; país de riquezas increíbles cuya tierra parece siempre estar preñada, a punto de parir sus plétoras, y quienes primero la poblaron supieron aprovechar, tomando solamente cuanto requerían para subsistir, porque sabían que si recogían de más, el exceso se perdería.
Favorecidos por la generosidad de este maravilloso terruño, los comechingones pudieron disfrutar de tiempos libres, incluso devolviendo sus dádivas con gratitud.
No soy descendiente de aborigen, algo que lamento por varias razones; aun así, me siento identificada con ellos en muchos aspectos, especialmente en su independencia; palabra que no expresa rebeldía sino la más absoluta libertad de pensamiento y actitud.
Me pregunto ¿de dónde nos brotó el juicio, basándonos en qué nos arrostramos el derecho a juzgarlos? Y peor ¡de haberlos exterminado! Al pensarlo se me sacude el alma porque, ineludiblemente, formo parte de esa consecuencia.
PRÓLOGO
– ¡Roberto, mirá hacia la barranca! ¿Qué es eso que sobresale?
Su tío, quien era muy analista y meticuloso, aproximó la canoa hacia el borde del río Quillinzo, se puso de pie sobre el piso inestable, y con gesto ceñudo observó lo que Benjamín le estaba señalando. No conforme con su estudio, se acercó un poco más, colocándose las gafas.
Ese fin de semana largo estaban disfrutando de una excursión de pesca, otra de las tantas que solían hacer. En esta oportunidad habían ido a pescar tarariras junto a las quebradas del Río Quillinzo.
Era la estación invernal, la más seca, aquélla donde el caudal acuífero del río mermaba imperiosamente hasta mostrar sus desnudas entrañas.
La tarde estaba apacible y cálida, y las paredes expuestas se erguían a la vera del bote como silenciosas murallas.
– …. Parece un trozo de madera tallado -expresó Benjamín para ayudarlo, acelerando la investigación.
– No, a ver, dame la chuza, voy a romper un poco la tosca que la rodea.
Cuando tuvieron el objeto entre sus manos, con cuidado lo colocaron sobre el piso de la lancha, observándolo detenidamente.
– Es una caja de madera -exclamó el más joven.
Roberto meneaba la cabeza, fascinado.
– ¡Observa el detalle de su tallado, es increíble!
Con la punta de un cuchillo levantaron la tapa, la separaron y miraron qué había dentro de ella.
Su interior parecía estar recubierto de cuero. Intentando l menor daño posible, lo corrieron.
– ¿Y eso? –exclamó impaciente Benjamín.
El era vehemente y apurado por obtener resultados en la vida; Roberto, en cambio, poseía la apacibilidad de los que han pasado por ella y saben que es mejor detenerse a analizar los acontecimientos para llegar a una conclusión acertada. Detestaba las sorpresas; su sobrino las provocaba.
– Parecen los huesos, de un rabo probablemente -inclinó su rostro y miró con detenimiento dentro de la caja tallada- y esto es ¡la punta de una flecha! -La levantó entre sus dedos y la puso contra el sol- ¡Cuánto brillo! ¿De qué piedra estará hecha? ¡Y su peso!–de pronto se detuvo- ¡Ya sé, volframio! Tan oscura y perfecta.
– ¡También hay una flauta! -casi gritó Benjamín al tiempo que la sacaba- ¿Cómo es posible que se haya conservado tan entera si es de caña?
Dentro aún quedaba algo que a la vista parecía polvo, y si lo hubiesen hecho analizar habrían averiguado que ese montículo de casi nada, alguna vez había sido un precioso ramo de jazmines.
– Debe ser una caja confeccionada por nuestros antepasados, los comechingones.
– ¿Te parece? –dudó el más joven- ¿No tenían sus ayllos sierra arriba?
– Así es, pero recuerda que el Quillinzo se abastece de muchos arroyos serranos, el Guacha Corral es uno de ellos. Por nombrarte alguno.
No imaginaban que la caja guardaba una historia asombrosa.

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